Jesús se levanta de la mesa. Todos le imitan. Salen de la casa y yo les sigo, pero no quiero que lo note nadie, así que voy con suavidad, despacio y sin hacer ruido. Si hay algún sitio donde no me deba meter, lo sabré, porque Jesús sí sabe que les sigo y Él me lo dirá.

Al cabo de un rato de caminata, Jesús se gira y, mirando a sus apóstoles, anuncia que va a orar. Pide a Pedro, Santiago y Juan que le acompañen.

Jesús les guía al Getsemaní, el Monte de los Olivos. Les deja a las puertas y les pide que velen. Que estén despiertos. Luego se retira.

Yo observo de lejos, entiendo que no me puedo meter en este tema. Pero cuando veo que Pedro y Santiago se sientan, imitados más tarde por Juan, solo quiero decirles: “¡Quedaros de pie! ¡así no se os pondrá más fácil la tentación!”. Pero no lo hago, y ellos se duermen.

Jesús vuelve. Tiene algo de sangre por la cara, y yo sé que es porque sudó sangre. Despierta, apenado y con mucho dolor en el corazón, a los tres apóstoles dormidos. Estos prometen no volver a dormirse.

Pero lo hicieron. Otra vez se sentaron, apoyados contra una roca, y se quedaron dormidos.

Vi pasar a unos soldados armados. El ruido de sus pasos despierta a los discípulos. Pedro corre tras ellos al ver a Judas entre los soldados. Yo también.

Jesús está como esperando. Ve a Judas que se acerca a Él y le da un beso. Un beso que vale una traición. Un beso que duele.

Atrapan a Jesús. Pedro salta, coge una espada y le corta una oreja a un soldado. Jesús, con calma, se acerca pidiéndole a Pedro que pare.

Coge la oreja y se la coloca al soldado de nuevo en la cabeza. El soldado, asombrado, no puede decir nada. No vuelve a tocar a Jesús para capturarlo, se limita a observar.

Llevan a Jesús a una prisión y, durante toda la noche, va de un lado a otro siendo juzgado por los sumos sacerdotes, Poncio Pilato y Herodes.

Más lejos, pero no mucho, Pedro se acerca a un fuego para calentarse. Yo estoy ahí, con María, que acaba de llegar, y con María Magdalena, escondidas entre la gente.
Un hombre se acerca a Pedro, preguntándole si no es él uno de los seguidores de Jesús.
—No —contesta: primera negación.
Otra mujer dice que sí, que ella le había visto con Él.
—No sé quién es —responde: segunda negación.
Se lo preguntan una tercera vez y la respuesta no cambia: tercera negación. Canta un gallo.

Se hace de día y Pilato, para “calmar” al pueblo, manda flagelarlo. Le dan latigazos, le ponen una corona de espinas, pierde mucha sangre.

María, su madre, le acompaña. No se aparta de Él en todo el día, y yo, tampoco.

Finalmente le presentan al pueblo junto con Barrabás, al que piden que liberen mientras Jesús no ha hecho mal alguno.

  • Domingo de Resurrección 2026

    Domingo de Resurrección 2026

     

    Un sollozo me despierta. María Magdalena llora mientras guarda unos perfumes en una bolsa buena de cuero. Me levanto y le ayudo. Me ofrezco a acompañarla y llevar yo los perfumes. Acepta, le tiemblan las manos.

  • Via Crucis 2026

    Via Crucis 2026

     

    Jesús, todos estos que te condenan piensan que estás solo. Pero junto a mí veo a tu Madre, de la que no me he separado en ningún momento; está también Juan, que no puede apenas creer que te estén haciendo esto. Y estoy yo, y miles de personas, millones, cuando te acompañan cada año en este día. Y sé que lo sabes, y que te da fuerzas, porque ves cada rostro ante ti y no miras con rencor, sino con amor y dolor de alma.

  • Viernes Santo 2026

    Viernes Santo 2026

    Jesús se levanta de la mesa. Todos le imitan. Salen de la casa y yo les sigo, pero no quiero que lo note nadie, así que voy con suavidad, despacio y sin hacer ruido. Si hay algún sitio donde no me deba meter, lo sabré, porque Jesús sí sabe que les sigo y Él me lo dirá.

  • Jueves Santo 2026 (2)

    Jueves Santo 2026 (2)

    Me han dicho que ayer no llegó mi escrito. La verdad es que tampoco pasó demasiado.
    De nuevo me desperté por la mañana, desayuné con la Virgen, y salimos. Nos encontramos con Juan, que le indica a María el lugar en donde tendríamos que preparar la cena. La Última Cena.

  • Martes Santo 2026

    Martes Santo 2026

    Un paseo por las abarrotadas calles de Jerusalén del brazo de la Virgen.
    Está mañana nos entró un pequeño antojo de algo dulce y, como yo no sé mucho de la comida de la época (de hecho le había preguntado si un día podíamos comer lasaña), me ofreció dar una vuelta por el mercado para elegir algo de comida. Cuando le sugerí unas patatas fritas, se echó a reír diciéndome:

    "Ay hija mía! Pero si a Colón le quedan 15 siglos para nacer! No se sabe ni que América existe, ni la patata, ni el chocolate!"

  • Lunes Santo 2026

    Lunes Santo 2026

    Me despierto en casa de María. Ella, con el amor de una madre, me ha preparado un desayuno. Y menudo desayuno. No sé muy bien qué era, pero estaba delicioso. María Magdalena se había unido a nosotras para esa primera comida del día y nos había dicho, y cito textualmente:
    ─¡Esta semana no sé lo que harán Jesús y los apóstoles, pero yo tengo la sensación de que no vamos a parar quietas!

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