Un paseo por las abarrotadas calles de Jerusalén del brazo de la Virgen.
Está mañana nos entró un pequeño antojo de algo dulce y, como yo no sé mucho de la comida de la época (de hecho le había preguntado si un día podíamos comer lasaña), me ofreció dar una vuelta por el mercado para elegir algo de comida. Cuando le sugerí unas patatas fritas, se echó a reír diciéndome:
"Ay hija mía! Pero si a Colón le quedan 15 siglos para nacer! No se sabe ni que América existe, ni la patata, ni el chocolate!"
No sé vosotros, pero yo me llevé un chasco.
Al rato, María me pidió que la esperara. Se fue a comprar una cosa y yo me quedé sola en el mercado.
Vi pasar a unos miembros del Sanedrín y, como soy una cotilla, escuché lo que decían.
"Pues Judas, pagado" decía uno.
"Qué fáciles son de manipular" contestó otro.
"Cuando lo entregué, se arrepentirá -replicó el primero-, pero será tarde"
Y se fueron como si nada.
Me llené de rabia.
Tras regresar María y comer, Jesús vino a buscarme. Se lo dije, olvidando que El ya lo sabía.
"Rocío -me interrumpió- tranquila. Ya lo sé"
Respiré hondo y me relajé.
Seguimos hablando, charlando. Y ya se hizo de noche. Así que volví con Maria.