No os voy a mentir. Se me olvidó por completo escribir el miércoles de ceniza. Lo siento. Pero aquí estamos otra vez: un año más, nos preparamos para la Semana Santa. Yo ya siento que soy un poco repetitiva. Espero que no os aburra que escriba siempre lo mismo. Aunque en realidad, yo siento que no es lo mismo. Las ideas pueden ser parecidas, pero yo también voy creciendo, aprendiendo y rezando, así que es como repetir todos los años un tema en clase, pero siempre encontrarás algo que no sabías.
Este domingo, como cada año, nos proponen el Evangelio de las tentaciones del demonio a Jesús. He pensado, leyéndolo un par de veces, que es increíble cómo Jesús rechaza todo. No dice solo “no lo voy a hacer”. Le da argumentos. Le debió de dejar con la boca abierta, casi sin habla. Y luego estoy yo: yo caigo en la más pequeña tentación. Es muy difícil librarse de ellas. Y cuando la rechazo, pues debe de ser hasta ridículo, porque lo hago a duras penas. Y es algo en lo que creo que debería mejorar.
Jesús, te necesito. Necesito tu ayuda para poder rechazar esas tentaciones que se me presentan a lo largo de mi día. Ayúdame está semana y siempre a acordarme de tí cuando me sienta tentada a hacer algo que no está bien y no lo haga. Señor, quiero prepararme bien para la Semana Santa, porque quiero ser capaz de ver bien cómo das tu vida por mi, como me amas.
Gracias por esta nueva semana, Jesús. Gracias por estar ahí siempre.